NO FUNCIONA FONT RESIZE Cortes de Aragón: Discurso del Presidente 14.11.2008
17 de mayo de 2012

Discurso del Presidente

Acto de homenaje de la Fundación Manuel Giménez Abad al embajador de Alemania, Dieter Koniecki.

Señor Embajador de Alemania en España,
Señor Delegado del Gobierno en Aragón,
Autoridades,
Amigo Dieter,
Amigos,
Señoras y señores,

La democracia no es un atributo con el que nacemos, no es un bien que nos sea otorgado, no es una estructura estática e inamovible, sino un proceso abierto y dinámico, en continua transformación; una conquista que -como bien sabemos en España- cuesta mucho alcanzar y que hemos de consolidar y proteger cada día frente a la erosión que provocan algunos agentes o circunstancias adversas y frente a los ataques frontales del terrorismo.

Esta tarea de conquista y consolidación continua de la democracia es una obra colectiva que nos concierne a todos los ciudadanos, que ha de ser la resultante de múltiples dinámicas sociales y del intercambio de energías colectivas. Pero también es una labor en la que algunos individuos sobresalen con luz propia.

Hoy rendimos homenaje aquí, en la casa de todos los aragoneses, dentro de cuyos muros se concentra la representación de los ciudadanos, a un notable y brillante protagonista de la promoción de la democracia a nivel internacional y particularmente en España; un hombre que siempre ha mantenido una estrecha relación política y afectiva con nuestra Comunidad.

Dieter Koniecki sufrió desde su infancia duras adversidades sociales que le acarrearon el desarraigo, la persecución política y el encarcelamiento tras el ‘Telón de Acero’. Como los grandes humanistas, supo hacer virtud de estas circunstancias y darles la vuelta para fortalecer su preparación científica e intelectual, sus convicciones éticas y su compromiso social.

Pronto se hizo un estrecho colaborador del añorado Willy Brandt, canciller alemán entre 1969 y 1974 y Premio Nobel de la Paz, que siendo joven había estado durante la Guerra Civil Española en el frente de Huesca, ciudad que le guarda un recuerdo permanente con el busto que se instaló hace unos años en su memoria.

Aquel reconocimiento quedaría incompleto sin el que hoy tributamos a Dieter Koniecki, que acompañó a Willy Brandt en la gran empresa de la apertura hacia el Este conocida como la Ost Politik, que acabaría propiciando años más tarde, en 1989, la caída del Muro de Berlín.

Sin aquel deshielo de los bloques de la ‘Guerra Fría’ no hubiera sido posible la dimensión que ha adquirido hoy el proyecto de la Unión Europea, esa ilusionante aventura en la que España se embarcó en 1986. Con la eficiencia y discreción que le han caracterizado en toda su trayectoria, Dieter Koniecki estaba allí.

Había llegado a España mucho antes, en 1975, en pleno ocaso del Franquismo, para contribuir a la Transición política del país desde la Fundación Fiedrich Ebert, en la que acumulaba ya una experiencia de seis años en México. No en vano, el apoyo a los procesos de democratización y la cooperación al desarrollo son dos de los ejes principales de la acción internacional de esta organización alemana de inspiración socialdemócrata.

En aquellos momentos en que los sectores aperturistas del anterior régimen buscaban una solución de pactada de salida a la dictadura, la oposición democrática estaba huérfana de referentes sólidos, y la colaboración internacional se hacía muy necesaria.

Bajo la acertada dirección de Dieter Koniecki, la Fundación Ebert fue determinante para armar la estructura, dotar de contactos institucionales y facilitar el funcionamiento de un partido, el PSOE, que necesariamente había de ser el referente de la oposición y articularse como posible alternancia en el poder.

Precisamente a su llegada a España había conocido a quien años más tarde sería el primer presidente socialista de la democracia, Felipe González. El encuentro se produjo en un despacho de abogados discípulos de Miguel Rodríguez-Piñero, con quien el delegado de la Fundación Fiedrich Ebert también colaboraría en la articulación de los primeros pasos de la concertación social.

Cuando recibió en 2001 la Cruz Federal del Mérito Civil de Alemania –una de sus más preciadas condecoraciones junto a la Cruz del Mérito Civil Español-, el propio Dieter Konecki resaltó la importancia que tuvo para la consolidación de la democracia el pacto social, cuyo mérito atribuyó a los sindicatos, pero también a José María Cuevas, recientemente fallecido, que dirigió la CEOE durante 23 años.

El interés de la Fundación Ebert se desplazó hacia los países del Este de Europa conforme la democracia se consolidó en España, pese a permanecer abierta la herida del terrorismo, y también ha prestado especial atención al continente Iberoamericano, aunque su labor de fomento de la democracia, la paz y los derechos humanos se extiende a numerosos países de Asia, África y Oriente Próximo.

Pero Dieter Koniecki ha seguido contribuyendo aún después de su jubilación al enriquecimiento de la sociedad española con sus profundos y precisos análisis políticos desde el rigor académico y la solvencia intelectual.

Las Cortes de Aragón debemos agradecerle su ayuda en diversos proyectos y especialmente haber facilitado un amplio elenco de contactos para consolidar unos lazos académicos de singular importancia con Alemania, dado el relevante papel que desempeña este país como referente del federalismo, materia central de la relación y colaboración entre las fundaciones Fiedrich Ebert y Manuel Giménez Abad.

La Fundación Ebert participó en el simposio sobre Aragón organizado el año pasado en la localidad alemana de Weingarten por el Centro de Comunicación Científica con Iberoamérica de Tubinga en cooperación con la Academia de la Diócesis Rottenburg-Stuttgart, la Fundación Manuel Giménez Abad y el Centro Europeo de Estudios sobre el Federalismo.

Aquel encuentro se inscribe en una serie de seminarios pluridisciplinarios sobre países y regiones de la Península Ibérica y fruto de él es el libro que hoy presentamos sobre la tradición intercultural y de compromiso de Aragón plasmada en nuestra historia, como atestigua este palacio que hemos convertido en la sede de nuestro Parlamento.

Señoras y señores, estamos inmersos en un momento de incertidumbre internacional por una crisis sin parangón; una profunda crisis no sólo económica, sino también de valores y de modelos sociales, y sobre todo una crisis de confianza.

La confianza no es sólo el soporte fundamental, hoy resquebrajado, de un sistema financiero internacional y de una economía de mercado presentes en distintos regímenes políticos. La confianza es también el flujo vital de los sistemas de representación sobre los que se asientan todas las democracias.

El mundo entero afronta hoy grandes desafíos globales como el cambio climático, las crisis energéticas, financieras o alimenticias o el terrorismo internacional. Pero para afrontar esos retos hace falta conjurar otras amenazas intangibles que a la postre pueden ser tan destructivas o incluso más.

Me refiero a la inseguridad, al miedo, a la pobreza, a la desigualdad, a toda forma de injusticia social, a la explotación de unos seres por otros y unos países por otros, a las guerras… Me refiero a todos aquellos factores que debilitan la democracia y alimentan los totalitarismos, que siguen ahí aunque aquí hoy estén agazapados.

Frente a estos riesgos, hemos de responder desde la educación de nuestros jóvenes, desde la promoción de valores universales, desde los nuevos liderazgos, desde el diálogo social, desde el Parlamento, desde la democracia. Hemos de aprovechar la experiencia de nuestros mayores y seguir los ejemplos de compromiso social como el que nos brinda Dieter Koniecki.

Entre todos superaremos las dificultades y haremos una sociedad más libre, justa y solidaria. La proclamación de intenciones ya es siempre un primer paso y entre todos vamos a recorrer ese camino de esperanza.

Muchas gracias.