NO FUNCIONA FONT RESIZE Cortes de Aragón: Aragón en la Historia de España
10 de febrero de 2012

Aragón en la Historia de España

El siglo XVIII en Aragón

El testamento de Carlos II, que moría en 1700 sin descendencia, suponía la entronización en la Corona de Castilla y en la Corona de Aragón de la dinastía francesa de los Borbones. Esta decisión no fue contestada de momento por ningún territorio hispano, aunque sí por la casa de Austria que presentó al archiduque Carlos como pretendiente al trono. Además la actitud de Luis XIV de Francia alarmó a las potencias extranjeras, hecho que desembocó en una gran alianza en contra de Francia y España. Mientras, Felipe V (IV de Aragón) había sido reconocido como soberano en los diferentes reinos peninsulares, aunque poco después la situación había cambiado. Primero Cataluña, más tarde Valencia y Mallorca, y por último Aragón (junio de 1706) abandonaron al rey borbónico y se pasaron al bando del archiduque. Era la guerra de Sucesión. Entre junio de 1706 y mayo de 1707 buena parte de Aragón fue contrario a los Borbones, aunque esta postura no fue unánime en todos los lugares del reino ni entre todas sus habitantes. La entrada del felipista duque de Orleans en Zaragoza (26 de mayo) restauró en esta ciudad el orden borbónico. Un mes más tarde, el 29 de junio de 1707, Felipe V daba los decretos de Nueva Planta aunque, por la situación bélica que proseguía, apenas tuvieron repercusión. En el verano de 1710 la reacción del archiduque Carlos cambió de nuevo la situación hasta que en diciembre de ese año Felipe de Anjou consiguió imponerse definitivamente en Aragón. Ahora sí iba a poder aplicarse la nueva organización en Aragón que terminaba como reino con sus leyes e instituciones particulares. Era el fin del reino de Aragón que a partir de ese momento quedó gobernado bajo las leyes castellanas.

Los decretos de Nueva Planta supusieron grandísimos cambios ya que desaparecieron de un plumazo los organismos privativos de Aragón: las Cortes, la Diputación del reino, el Justicia y su tribunal, ... el Consejo de Aragón fue incorporado a Castilla, se implantó una nueva división administrativa con trece corregimientos, se reformó el sistema de nombramiento de cargos, etc. etc. Aragón entraba desde ese momento en la vía de la uniformidad castellana. Un tiempo después, sin embargo, Felipe V permitía que en la recién creada Audiencia pudieran aplicarse las leyes de Aragón en la sala de lo civil, aunque en la de lo criminal sólo podía regir el derecho penal castellano. Se devolvía, por tanto, una parte del Derecho, aunque sin posibilidades de renovarlo y adaptarlo al transcurso del tiempo al haber desaparecido las Cortes de Aragón. A partir de ese momento la centralización y la uniformización se impusieron en la mayor parte de lo que llegaría a ser España.

El hecho de no tener, a partir de entonces, noticias especiales para Aragón ni en el resto de este reinado ni en el de Fernando VI (1746 - 1759) demuestran la efectividad de la anulación política aragonesa. Con Carlos III (1759 - 1788) se conoce la primera queja importante y oficial de Aragón frente a la pérdida de sus leyes e instituciones. Es el memorial de "greuges" (agravios o quejas) presentado en 1760 al rey por los territorios de la antigua Corona de Aragón. Durante este reinado, y al igual que en la capital de España surgió el conocido motín de Esquilache; algunos lugares de Aragón vivieron en la primavera del año 1766 diversos levantamientos. Especialmente grave fue el motín del pan o de broqueleros en Zaragoza. Tras los incidentes, don Pedro Pablo Abarca de Bolea, el conde de Aranda, se convertía en Presidente del Consejo de Castilla. Las diversas facetas en las que destacó -diplomático, político, industrial y sobre todo ilustrado- lo convierten en una de las personalidades más sobresalientes de la España del siglo XVIII.

Ese siglo que tan mal había empezado para Aragón conoció, no obstante, una notoria recuperación económica, sobre todo en la segunda mitad de la centuria, de manera especial en la producción agrícola que se incrementó notablemente. Asimismo es de destacar la importante recuperación demográfica a lo largo de estos años ya que si Aragón empezó el siglo con unos 360.000 habitantes, lo terminó con unas 650.000 personas, hecho que se había producido por el crecimiento económico y por la disminución de las crisis de mortalidad.
Volver a La Historia